jueves, 13 de abril de 2017

Contradicciones y ambigüedades


CONTRADICIONES Y AMBIGUEDADES


Los textos que producen las personas pueden dividirse en dos grandes grupos: 

literarios y no literarios. 

Los primeros son textos que se desarrollan en el ámbito de la ficción y que tienen como finalidad causar en el lector un placer estético; los segundos, en cambio, se desarrollan en el ámbito de lo real y tienen como finalidad expresar o informar algo. El autor de un texto literario procura que su mensaje llegue de manera más bella al lector, mientras que el autor de un texto no literario espera que su mensaje llegue al lector de una forma clara y efectiva. De este modo, encontraremos que algunos elementos de la lengua son ideales para los textos literarios, porque embellecen la expresión, pero resultarían perjudiciales para otros textos que pretenden informar de manera clara. La contradicción La contradicción y la ambigüedad pueden ser recursos de la lengua muy útiles para expresar sentimientos complejos como el amor; pero en el caso de que utilicemos la lengua para informar sobre algo al lector de la manera más clara, en un texto científico, por ejemplo, la contradicción y la ambigüedad entorpecerían el proceso de la comunicación.


La ambigüedad 
Cuando decimos que un enunciado es ambiguo, nos referimos a que su significado no es claro, porque puede interpretarse de varias formas. Sin embargo, a diferencia de la contradicción, la ambigüedad no nace solamente en el texto de un autor que, por descuido o intencionalmente, ha permitido una ambigüedad, sino que encontramos que la ambigüedad es una propiedad del lenguaje mismo. La ambigüedad puede surgir también en casos como el siguiente, en el que la oración no deja ver claramente a qué sustantivo corresponde un adjetivo. Así, las ambigüedades propias del lenguaje deben ser resueltas al momento de producir un texto en el que la transmisión del mensaje debe ser un proceso eficaz. Pero aun en una situación en la que todas esas ambigüedades estén resueltas, la confusión puede surgir a partir de un enunciado incompleto. Por ejemplo, imaginemos nuevamente que este libro te indica:
 «Contesta estas preguntas» y muestra una lista a continuación. La indicación sería ambigua, pues no te quedaría claro si debes contestarlas de manera oral, escrita, en tu cuaderno o bajo las preguntas,

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